jueves, 5 de abril de 2018

La Iglesia católica verdadera condena el uso de métodos anticonceptivos: tanto artificiales como naturales


Por Benito Bertone.
 
Dile SÍ a la vida. No a la cultura de la muerte. NO más geNOcidio blanco, NO más suicidio demográfico de Occidente.

Los métodos anticonceptivos son aquellos métodos destinados a no concebir niños, y todos, tanto los artificiales como los naturales, son condenados por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana Verdadera, fuera de la cual nadie puede salvarse.
Hay muchos tipos de métodos anticonceptivos, pero ellos se clasifican en artificiales y naturales; los primeros son por ejemplo: el dispositivo intrauterino, la píldora anticonceptiva y el preservativo; mientras que los naturales son por ejemplo: el método de Ogino-Knaus o de calendario, el método Billings o fluido cervical, el coitus interruptus, etcétera. Pero tanto los métodos anticonceptivos artificiales—que son los más aberrantes, algunos incluso llegando al extremo de la vasectomía o ligadura de trompas—como los mal llamados “naturales” son todos condenados por la Santa Madre Iglesia, en virtud de que se oponen a la procreación: a la generación de la vida humana.
Los verdaderos católicos integristas y verdaderos pro-vida, no sólo debemos oponernos al aberrante crimen del aborto inducido (asesinar a su propio hijo), sino también a todo lo que sea anticoncepción.
La encíclica Casti Connubii del Papa Pío XI, del 31 de diciembre de 1930 (#53-56), enseñó: “Viniendo ahora a tratar, Venerables Hermanos, de cada uno de los aspectos que se oponen a los bienes del matrimonio, hemos de hablar, en primer lugar, de la prole [los hijos, descendencia, etc.], la cual muchos se atreven a llamar pesada carga del matrimonio, por lo que los cónyuges han de evitarla con toda diligencia, y ello, no ciertamente por medio de una honesta continencia (permitida también en el matrimonio, supuesto el consentimiento de ambos esposos), sino viciando el acto conyugal. Criminal licencia ésta, que algunos se arrogan tan sólo porque, aborreciendo la prole, no pretenden sino satisfacer su voluptuosidad, pero sin ninguna carga; otros, en cambio, alegan como excusa propia el que no pueden, en modo alguno, admitir más hijos a causa de sus propias necesidades, de las de la madre o de las económicas de la familia. Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta. Por lo cual no es de admirar que las mismas Sagradas Letras atestigüen con cuánto aborrecimiento la Divina Majestad ha perseguido este nefasto delito, castigándolo a veces con la pena de muerte, como recuerda San Agustín: ‘Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole’. Que es lo que hizo Onán, hijo de Judas, por lo cual Dios le quitó la vida (Génesis 38, 8-10). “Habiéndose, pues, algunos manifiestamente separado de la doctrina cristiana, enseñada desde el principio y transmitida en todo tiempo sin interrupción, y habiendo pretendido públicamente proclamar otra doctrina, la Iglesia Católica, a quien el mismo Dios ha confiado la enseñanza y defensa de la integridad y honestidad de costumbres, colocada, en medio de esta ruina moral, para conservar inmune de tan ignominiosa mancha la castidad de la unión nupcial, en señal de su divina legación, eleva solemne su voz por Nuestros labios y una vez más promulga que cualquier uso del matrimonio, en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia y natural virtud procreativa, va contra la ley de Dios y contra la ley natural, y los que tal cometen, se hacen culpables de un grave pecado”.
Como puede verse, la Iglesia condena que uno busque deliberadamente no tener hijos con su mujer, por ejemplo usando métodos de calendario para no dejarla embarazada o cometiendo la torpeza de eyacular fuera de la vagina de su esposa. Tales actos van en contra de la naturaleza humana y siempre han sido condenados por la verdadera Iglesia católica; no así por la secta del Vaticano II que permite lo aberrante de la planificación natural familiar o incluso, en algunos casos, los métodos anticonceptivos artificiales como el preservativo, con tal de no contagiar de enfermedades de transmisión sexual.
Parecen olvidar que las enfermedades de transmisión sexual son producto de la incontinencia y la degeneración de la gente, que en lugar de lícitamente tener relaciones sexuales con su pareja matrimonial, fornican fuera del matrimonio. En verdad el ser humano está diseñado genéticamente para tener relaciones sexuales sólo con una pareja y no con montones, ni mucho menos con lo aberrante del homosexualismo, que es opuesto no sólo a la naturaleza humana, sino incluso a la animal.
Si un hombre ama a una mujer, debe procurar casarse con ella y tener hijos, como enseña la doctrina de la Iglesia, en la encíclica Casti Connubii (#17): “El fin primario del matrimonio es la procreación y educación de la prole”.
Para eso es que uno se casa, para tener hijos, quererlos y educarlos; y obviamente para amar a la esposa de uno, como corresponde, teniendo hijos con ella. Es un círculo virtuoso, que sirve para la reproducción y engrandecimiento de la especie humana.
Además del fin primario del matrimonio—que es el de la procreación y educación de la prole—existen también fines secundarios, que son: el auxilio mutuo, el fomento del amor recíproco y el aplacamiento de la concupiscencia. Pero debe tenerse en cuenta de que estos fines secundarios, siempre deben estar subordinados al fin primario, como enseña la Casti Connubii en su numeral 59, que dice: “Hay, pues, tanto en el mismo matrimonio como en el uso del derecho matrimonial, fines secundarios ―verbigracia [por ejemplo], el auxilio mutuo, el fomento del amor recíproco y la sedación de la concupiscencia―, cuya consecución en manera alguna está vedada a los esposos, SIEMPRE QUE QUEDE a salvo la naturaleza intrínseca del acto y, por ende, SU SUBORDINACIÓN AL FIN PRIMARIO”.
Con esto queda comprobado cómo la verdadera Iglesia católica—la tradicional, la de siempre, la que fundó Jesucristo en el año 33—siempre ha condenado todos los métodos anticonceptivos, tanto artificiales como naturales. En realidad es una idea moderna y posmoderno lo de usar métodos anticonceptivos, cosa que en la Edad Media, escasamente se conocía, porque había mucho más personas buenas que en la actualidad, cuando vivimos una época oscura de la humanidad.
Ahora lo que impera es el egoísmo y la soberbia, y por eso la gente siempre busca justificar la idea de no tener más de un número determinado de hijos. Muchos ni siquiera se casan, pero no renuncian a satisfacer sus placeres sexuales egoístas; otros se casan, pero no quieren tener hijos y usan métodos anticonceptivos y otros tienen algunos hijos (uno, dos o tres), pero después usan métodos anticonceptivos y ya no quieren tener más hijos; y el mayor problema de la anticoncepción viene de parte de la mujer, que ha sido impulsada por el pestilente feminismo para que ella sea “dueña de su cuerpo” y “decida” si quiere tener hijos o no, y cuántos hijos quiere tener.
Todas esas ideas son deplorables; el feminismo es deplorable y lo más evidente de todo, es que esta estupidez de usar métodos anticonceptivos está más que nada extendida—como no podría ser de otra manera—en el decadente Occidente, a diferencia de Asia y África que en su mayoría, las parejas se siguen llenando de hijos, salvo países como China que son comunistas genocidas y no permiten tener más de dos hijos por pareja. La Unión Soviética—que pertenece a Occidente, pese a estar al Oriente—fue un ejemplo de estado totalitario asesino que incentivó el aborto inducido, de millones de niños inocentes.
Ahora con el progresismo está pasando lo mismo, pero no sólo con el aborto inducido, sino con la anticoncepción, es decir que ya de entrada, la gente no está queriendo tener hijos, lo cual es totalmente opuesto a la voluntad de Dios, quien ordenó en el Génesis, que nos multipliquemos. Incluso el Señor le mostró a Abraham las estrellas y le pidió que las contara, diciéndole que ése sería el número de sus descendientes.
Hay una teoría que dice que en la Tierra no somos más de mil millones de personas y que la cifra de siete mil millones en verdad está engordada; esto se trata posiblemente de la conspiración más grande de todas, que se une a otras grandes conspiraciones como el holocausto y todo lo que es la conflagración judeo-masónica-comunista internacional, que también es liberal ya que el liberalismo y el marxismo son dos caras de la misma moneda: uno para engañar hacia el Occidente y otro para el Oriente.
Es que así funciona el sistema globalista genocida, que quiere eliminar a gran parte de la especie humana, en especial la raza blanca, a la cual la quieren extinguir a través del plan Kalergi, que yo le llamo Babel-Kalergi, ya que es—a través del multiculturalismo—pretender reconstruir la torre de Babel, poniéndonos a todos bajo una misma bandera: la bandera de las Naciones Unidas.
Es así que a través de la anticoncepción, los mundialistas quieren exterminar la raza aria y después crear una raza subhumana mestiza para que los amos judíos puedan controlarnos a todos e imponer la marca de la Bestia, la cual es física y espiritual. Esta última se manifiesta a través del pecado, principalmente del pecado de la carne, como la lujuria y el espíritu del homosexualismo, el cual la gran mayoría de las personas occidentales ya abrazan, porque apoyan al LGBT y al feminismo; y después está la marca física que son los tatuajes—una moda inmunda de los réprobos—y por supuesto, el famoso microchip, que ya lo están implantando en algunos países como Australia y en algunas empresas de Estados Unidos, y también en países como Uruguay, donde se está implantando el microchip obligatorio para los perros.
El mundialismo nos quiere convertir a todos en perros, que usemos tatuaje y microchip como el ganado (eso es lo que nos consideran, “goyim”, ganado), para hacernos la trazabilidad y llevarnos a todos al matadero. Por eso incentivan tanto la anticoncepción, porque quieren destruirnos, porque la población aumentada les molesta, en especial si se tratan de blancos, que actualmente somos menos del diez por ciento de la población mundial, pero a principios del siglo pasado, constituíamos el treinta y cinco por ciento de la población mundial. Eso es genocidio, que se manifiesta por: aborto inducido, anticoncepción, homosexualismo y mestizaje. Todos esos factores nos están destruyendo y la previsión para el 2100, es que seremos menos del uno por ciento de la población mundial, eso claro, si el mundo llegara a esa época, que no creo que llegue, pues pienso que el fin está cerca y no pasa del siglo XXI.
Pero si los blancos somos menos del diez por ciento de la población mundial, ¿qué decir del porcentaje de verdaderos católicos en el mundo? Deben haber algunos católicos en otras razas, pero la mayoría de seguro son blancos; y los católicos integristas que existimos somos mucho menos del uno por ciento. Somos una cifra ínfima, ya que la mayoría de los supuestos católicos están en la secta del Vaticano II; y la mayoría de los que se dicen “conservadores” o “sedevacantistas” abrazan herejías como los bautismos de fantasía o la salvación por ignorancia invencible, o incluso, abrazan la herejía babeliana de apoyar al multiculturalismo y el mestizaje excesivo para destruir nuestra raza, nuestra civilización.
Todo es parte de un gran plan judaico para nuestro exterminio, ¡así de claro! Ellos quieren exterminar a los católicos y después a todos los blancos, porque odian la estirpe de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santa Esposa, la Santa Madre Iglesia.
Pero a su vez, todo ese plan diabólico, forma parte de un plan mayor, que es el plan de Cristo, quien no va a permitir que el mal triunfe, sino sólo demostrar que la luz siempre es más fuerte que la oscuridad. Pronto vendrá el Armagedón y la Segunda Venida de Cristo, quien nos va a salvar del mal, pues sólo Cristo salva, ya que la justificación se da por la fe y por las obras, pero por la gracia de Dios y no por méritos propios. Sólo los predestinados, sólo los santos, sólo los justos se salvarán. Esa es la enseñanza de los Padres de la Iglesia.
Por eso yo le pido a los fieles de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana Verdadera, les pido como un hermano más, fiel de esta Iglesia, la Esposa de Cristo, que por favor, abandonen el camino del pecado, de la herejía y la sodomía, y vuélvanse a Cristo. No apoyen que el “hombre viene del mono”, ni ninguna otra falacia positivista atea; el mundo posmoderno está construido mentira sobre mentira y necesita ser destruido, para que sea purificado por el agua bautismal de la Iglesia.
No crean en nada que les enseñan en la escuela laicista y obligatoria (porque el Estado totalitario obliga a los padres, a que les laven el cerebro a sus niños), piensen por sí mismos, y no se dejen engañar por las mentiras del sistema. No crean en bautismos ficticios, porque sólo el bautismo por agua es la verdadera puerta de ingreso a la Iglesia, que es el Arca de salvación.
No sigan tampoco a los farsantes que quieren destruir la raza blanca, abrazando el multiculturalismo y el mestizaje exacerbado, porque ellos son réprobos a los ojos de Dios. Sigan a la Iglesia Verdadera de Cristo, que fue fundada en el año 33 y no en 1965, como la secta del Vaticano II, ni a ninguna otra secta protestante o cismática oriental.
No se dejen engañar por las falacias tentadoras de la anticoncepción: cásense y tengan muchos hijos; ¿cuántos? Todos los que Dios mande. Yo mismo soy soltero, pero procuro casarme con alguna mujer digna de mí, que esté a mi altura, que encuentre por algún lugar de la Tierra. Obviamente que tiene que ser una mujer de mi religión y de mi raza, porque yo no voy a abrazar la apostasía ni la herejía. Sé que muchos de ustedes serán perseguidos y la gente se burlará, en especial las mujeres, puesto que la mayoría de las mujeres occidentales han abrazado la abominación ideológica del feminismo.
Muchos dirán: “¡Ay, pobre mujer! No podrá tener tantos hijos” o “ella tiene derecho a decidir” o cosas por el estilo, pero nosotros los verdaderos católicos debemos estar firmes en contra de la anticoncepción y a favor de la procreación. Debemos buscar mujeres dignas de nosotros, que sean buenas cristianas católicas, femeninas, obedientes y sumisas, o sea, mujeres de verdad, mujeres con todas las letras, mujeres que desprecien el feminismo y la anticoncepción; mujeres que tengan vocación de ser esposas y madres, que les encante la maternidad, ¡esas son las mujeres de verdad!, y no las que van a la universidad. Yo busco una mujer así: una mujer de verdad, con la cual tener todos los hijos que Dios mande; si tengo diez o más hijos, no me importa, y si quedo pobre, no me importa—una excusa muy común—bueno, eso no es culpa mía, sino del Estado corrupto que no se preocupa por las familias numerosas, ya que ellos incentivan nuestro propio genocidio. Porque no olvidemos que el matrimonio, la vida en pareja, es en los momentos buenos, pero también en los MALOS, en la riqueza sí, pero también en la POBREZA, en la salud por supuesto, pero también en la ENFERMEDAD.
¿Dónde quedaron los principios cristianos? ¿Dónde quedó la moral cristiana que nos hacía sentir orgullo de ser católicos, blancos y occidentales? Parece que Occidente se está suicidando demográfica y moralmente. Esto tiene que terminar, esto tiene que frenar, ¡yo me opongo a la destrucción de mi propio pueblo! ¡Yo quiero vivir!, ¡yo abrazo la vida! Y la salvación eterna, por ende. Busco una mujer que comprenda estas cosas, que me sepa acompañar no sólo en las buenas, sino también en los malos momentos, porque a veces también la vida es difícil, tenemos que comprenderlo y aceptarlo estoicamente y no ser egoístas y hedonistas, que sólo pensamos en nuestro propio ego y placer. ¿Dónde quedó el espíritu de lucha y altruista occidental? ¿Dónde quedaron las esposas abnegadas y los padres de familia que hacían todo para proteger a su mujer y a sus hijos? ¿Dónde quedó el honor?
Yo me niego a mi propia destrucción y a la destrucción de los míos, yo me enfrento al sistema global, yo lucho, yo soy cristiano y seguiré dando testimonio de Cristo, y por eso, yo prometo que jamás en mi vida usaré métodos anticonceptivos ni permitiré que mi mujer los use. Amén.

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